EL MINIMALISMO

La sociedad en la que vivimos, la cual nos acoge, pienso que tiene varios problemas. Creo que existe un claro deterioro en la capacidad de convivencia entre los seres humanos, y estos con la naturaleza, al mismo tiempo. Y quizás, esto, podría ser consecuencia de la pérdida de ciertos valores tradicionales, que en mi opinión, son vitales. El trabajo, la vida familiar, la honradez, la educación, la libertad, el respeto, la solidaridad, etc. 

Veamos…

La globalización está siendo destructiva: competitividad excesiva, obsesión con la efectividad, el egoísmo, etc. Evolucionamos dejando atrás lo moral y lo ético, y creo que, si ya lo estamos pagando, lo haremos más aún en un futuro. Y ya no es una cuestión de individualismo o colectivismo, ya que, las dos son compatibles, sino que los grandes organismos públicos o instituciones que deberían pensar de forma colectiva, comenzando desde el indivíduo, no lo hacen, y únicamente se expresan a través de las teorías del “capital humano”. En la vida, cuando tocas fondo, tenemos la oportunidad de reconstruir de la manera que queramos. Somos libres, o cuanto menos, sentimos una amplia libertad para comenzar de nuevo. No me gustan los excesos, ni los extremos. Siempre valoraré el equilibrio por encima de todo y este concepto es uno de los más importantes del ser minimalista.

Mi cabeza guarda la información necesaria, las preocupaciones son las justas y el caos ocupa su parte correspondiente para que todo fluya. En mi vida ya no existen personas que me roben la energía, es más, tal cambio personal hace que ni siquiera se acerquen. Digamos que lo que hago es PRIORIZAR, así con mayúsculas, porque lo que únicamente importa es lo esencial. Nuestras raíces como seres humanos.

Entiendo que es importante saber cuánto ruido aceptamos en nuestras vidas: anuncios, televisión, publicidad, ofertas, emails, luces parpadeando, pitidos de los coches, prisas, más prisas… Sí, amigos y amigas, este es el ruido de la vida. Un enorme estruendo que subyace en nuestros días. Estamos expuestos, en mi opinión, a una gran contaminación informativa donde debemos saber hacer una criba importante. Para cada persona lo esencial será diferente y también dependerá de la etapa o momento de vida en el que esté. Si yo, actualmente, estoy enfocado en lanzar un proyecto o dos adelante, intentaré que sea lo esencial en mi vida para que el resto de excesos no contaminen el proceso. Lo bueno de esto es que se consigue vivir con una mayor paz, además de lograr resultados eficientes. A mí me gusta dormir con la conciencia tranquila, reduciendo al máximo mis niveles de estrés. Y os voy a contar qué hago. El pensamiento minimalista hizo de mí que: 

  1. Aprendiera a decir no. ¿Nunca os habéis parado a pensar el estrés que nos generamos cuando aceptamos algo y no queremos o podemos? Porque, claro, después lo hacemos sin ganas o intentamos retrasarlo lo máximo posible, por lo que no cumplimos con nuestra palabra quedando mal con la otra persona.
  2. También, aprendiera a diferenciar entre urgente, importante y prioritario, ya que, con el volumen de tareas que nos implantamos y la cantidad de imprevistos que surgen, normal que no demos a todo. Y cuando lo intentamos, ¿qué ocurre? Que todo sale de manera mediocre.
  3. Saqué de mi vida a toda persona que me robaba la energía o no me aportaba absolutamente nada. Pasé unos años complejos y seguramente sería por el estado en el que yo me encontraba. Si sentimos caos o somos caos, probablemente será lo que atraigamos o busquemos de manera inconsciente. No debemos aguantar por aguantar, y nuestra persona y libertad como indivíduo debería valorarse mucho más. Hay personas que son excepcionales manilupadoras, por lo que si nuestra intuición salta en algún momento ayudémonos de ella para actuar.
  4. Comencé a ingerir alimentos saludables. Fundamentalmente alimentos que nos proporcionan la tierra y el mar, intentando ingerir lo mínimo de procesados. Mi cuerpo y mente comenzaron a alinearse
  5. Empecé a valorar mi tiempo por encima de todo y actualmente se lo concedo a las personas que considero que lo merecen. Es algo que jamás recuperamos, por lo tanto, concedámoslo con criterio. O al menos, regalemos tiempo a las personas que también nos lo regalan a nosotros, ya que existen personas que solo necesitan tu tiempo cuando lo consideran y únicamente para un beneficio propio.
  6. Practico ayuno intermitente desde hace un par de años, apróximadamente. Dentro de las múltiples teorías de cultura alimentaria que existen, a mí es la que mejor me funciona. Considero que ingerimos demasiada comida y esto lo único que hace es contaminar nuestra mente y nuestro organismo. Desde luego, una buena jugada la de Kellogs…
    Los estrategas de las marcas no solo vendieron la idea de la salud de los cereales, sino también la propia importancia del desayuno para empezar el día. Pero bueno, aquí entraremos de lleno en un próximo post. Da para hablar mucho porque este asunto comienza en siglo XIX, ya ni siquiera en el siglo pasado… Pero bueno, sigamos.
  7. Camino. Camino todo lo que puedo. Es más, aparco a conciencia a 20 minutos de mi estudio de grabación para así dedicar ese tiempo a liberar la mente. Caminando fluyen los pensamientos y nuestra frecuencia energética aumenta. Por lo que, empezar la mañana de esta manera ya es saludable.
  8. Mantengo un orden importante en mi vida. El minimalismo nos lleva a tener poco, pero de eso poco, que sea lo mejor posible, y si además, está bien ordenado en una estructura simple, mayor paz interior obtendremos. 
  9. Hago el caso necesario al móvil. Esto es, es mi herramienta de trabajo, tanto para mis proyectos como para marca personal. Tengo cientos de conversaciones acumuladas en mi whatsapp, (pero ojo, en mi información de estado ya indico que no es nada personal, y quien necesite algo urgente o importante use la llamada. Como toda la vida.) porque si tuviese que contestar todo al momento acumularía un estado de ansiedad insostenible.

Las prisas no van conmigo, por lo que si alguien tiene prisa y yo no puedo acceder a eso diré NO. Y en ese momento, gano un porcentaje más de vida.

Lo esencial. El orden. El menos es más. Priorizar la calidad ante la cantidad. Pero para mí, sobre todo, el equilibrio. ¿Por qué digo esto? Porque hay muchas personas interesadas en el minimalismo, que teclean en google y el primer ejercicio que encuentran es: vacía tu armario de ropa y quédate con las 3-4 prendas necesarias. Bien, debemos entender el concepto, la raíz. Yo considero que tengo la ropa que uso, quizás algo más porque no suelo acostumbras a separar ropa de temporada y eso hace que acumule más de la que necesito en ese momento. Pero bueno, no derrocho en ropa, y desde hace tiempo que si puedo consumir ropa de segunda mano lo hago, y de comprar, debe ser una prenda que me aporte un valor emocional importante o que realmente la necesite. 

En definitiva, el minimalismo para mí es equilibrio, sentido común, aprovechamiento de recursos, gestión emocional, paz interior, valoración del tiempo, exclusión de la contaminación de excesos, orden… Pero repito, todo ello, en su equilibrio justo y necesario para adaptarlo a lo que somos y a lo que queremos ser.


Muchas personas van de un lado a otro sin tener en cuenta ni el origen ni el destino, y aunque eso alguna vez esté bien no es fructífero ni siquiera a medio plazo. En mi opinión, el concepto menos es más, cada día gana mucho más valor en mi forma de ser y entender la vida. No juzgo a las personas por lo que son, ni por lo que dicen. Quizás alguna vez sí lo hago por sus actos, porque esto sí es realmente lo que define a una persona. El concepto minimalista me trajo más silencio del que ya compartía, porque soy de los que escucha más que habla y hace más que habla. Las palabras contaminan y los hechos purifican porque aportan claridad a lo que somos.

Saber reducir, tiene un valor especial en esta vida. Y para mí, tiene mayor valor que aumentar, porque en la sociedad en la que vivimos existe un altísimo nivel de estrés encubierto. Las depresiones, la ansiedad, los suicidios… todo ello no es por casualidad, por lo que, el minimalismo es un gran medicamento para la solución. Menos es más, queridos amigos y amigas, porque siempre será mejor un cilindro liso y gris bien afincado en la tierra, que una catedral contemporánea de diseño con los cimientos mal construidos. 

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